sábado, 11 de mayo de 2019

Despedirse

Nunca fuí muy bueno para las despedidas... En especial aquellas donde no podés siquiera decirle adiós a quien se va. Mi historia personal y las cicatrices del pasado me complican lidiar con las ausencias, parezco apático, insensible, frío y carente de toda emoción o gesto humano más allá de la mirada perdida en la lejanía y fija en un punto mirando pero no viendo. Pero lejos estoy de no sentir nada, por dentro hay tantas emociones que se atragantan en un cuello de botella en el medio del pecho. Tengo miedo, quiero llorar, me siento solo, me carcome la angustia, entiendo perféctamente la realidad y la idiotez de intentar negarla pero quiero atravesar paredes e irme a un lugar seguro donde no sea todo tan horrible. Me calmo, respiro, estoy acá. No quiero estar acá. Tampoco me quiero ir. No se que hacer. Pánico. No sé que hacer con las ausencias. En cada una se va una parte de mí mismo. Me siento menos cuando se van, se le baja el volumen a las cosas, el color, el brillo, la intensidad, el sabor y la emoción.
No me quiero torturar recordando pero involuntariamente se me vienen los flashbacks sin parar, ya van tres días que no puedo cerrar los ojos sin ver la escena repetirse una y otra vez. Que no puedo distraerme un segundo de lo que estoy haciendo o mi mente divaga una vez más ahí. Mi madre dice que es normal, estrés post traumático. Si es el caso, entiendo que hablarlo hace mejor, pero tampoco quiero hablarlo demasiado, se siente morboso, pienso que hay historias horribles que nos llegan y nuestras vidas eran mejor sin saberlas. No quiero andar contando secuencias espantosas y llenando la imaginación y la mente de personas que tenían un día quizás malo o bueno sin mi intromisión de imágenes desagradables y sentimientos angustiantes. No quiero que piensen "Mirá si me pasa a mí" o que se empiecen a preocupar por cosas que antes no los preocupaban. Lo digo porque yo soy así, a veces tengo un mal día y alguien me cuenta una secuencia nefasta y me empiezo a estresar sobre algo que ni siquiera es mío, ni me pasó pero ahora que puede pasar. Por otro lado siento que callarlo y digerirlo solo no aporta y me va a seguir torturando día tras día como lo viene haciendo. Quizás está demasiado fresco, no pasó ni una semana y por eso la frecuencia, quizás solo deba dejar pasar tiempo o quizás me persiga por meses hasta que pueda charlarlo, sacarlo para afuera.
Sea una o la otra, escribirlo es una manera de lidiar con ello.
Toda persona que por cualquier motivo se encuentre leyendo esto, sea el momento que sea, sepa que no lo hago con malas intenciones, necesito desahogar, si quieren dejar de leer, ahora es el momento.

El martes volví a casa del trabajo como cualquier otro día, llegué cansado pero el amor infinito de mi perra y mis gatos me hizo sentir que todo lo valía, como siempre. Me tiré en el sillón del comedor y dejé que me dieran besos mientras les hacía mimos, saque un par de fotos con todos ellos y me levanté al baño. Me había traído una gorra nueva del trabajo y fuí a probar frente al espejo como me quedaba para sacar una foto. Cuando estuve conforme caminé hasta el comedor donde la iluminación es mejor y mientras la perra me ladraba por no entender lo que hacía y yo la retaba, saqué una foto que salió movida y la borré. Acababa de sacar la segunda foto, no más de diez minutos desde que había llegado, cuando escuché una de las sillas moverse con fuerza contra la mesa y vi al gato de reojo en el piso: "Que boludo, se cayó subiendo" pensé. Pero inmediátamente supe que algo no estaba bien, ni siquiera le presté atención pero algo en la silueta de lo que apenas veía no encajaba con la normalidad de una escena que ya ví cientos de veces. Tengo gatos desde que nací, los ví caerse cientos de veces, calcular mal una altura, o la estabilidad del lugar de aterrizaje e irse de lleno contra ventanas, mesas, pisos, estantes, camas y escaleras. Se levantan en segundos, ya sea para salir corriendo del susto por no haber podido hacer lo que querían o para lavarse en el lugar como si no hubiera pasado nada. Pero se levantan en segundos... y el gato seguía en el piso, de costado... crucé el medio metro que nos separaba enseguida y ahí fue cuando presté atención a la respiración entrecortada.
En ese momento me separé en dos: "Se partió el cuello y se va a morir acá y ahora." Lo supe en cuanto lo vi, no estoy siquiera seguro de cómo o porqué, quizás los cabos que até más tarde con calma, ya los había atado en ese instánte. No quise moverlo por miedo a que efectivamente se hubiera roto el cuello y lo lastimara peor, pero la ausencia de maullido, la calma de la pose, la mirada fija en un punto sin parpadear y esa respiración que ya escuché antes, antes de que deje de respirar...apenas pasaron segundos cuando vi la cola erizarse y volverse un plumero como cuando ven algo que los asusta, pero sin ninguna otra reacción, estirar las cuatro patas al máximo y finalmente distenderse por completo, cesando todo ruido y movimiento para siempre.
La segunda parte de mi ser no cabía en si misma, no podía creer lo que estaba pasando, es un chiste de mal gusto, una joda, un mal flash, esto no está pasando, por favor no, ese gato no se lo merece, no hizo nada malo, como si la muerte se fijara en esas cosas, como si la muerte fuera alguien...
Debe haber sucedido todo en un minuto de reloj, para mi fue eterno. Levanté el teléfono y llamé a mi madre, no estaba en mis cabales claramente, se asustó más por mí que por otra cosa hasta que pude decirle lo que acababa de pasar y la escuché partirse al medio en llanto. Yo estaba en frente del pobre animal sin vida y ella implorando por un milagro, que me fije si respira, que me fije si le late el corazón, que haga todo lo que ya hice. Y yo rezando por otro milagro lo hice, porque todavía el cuerpo estaba caliente, pero la boca ya estaba azul, la vegija perdiendo pis...la perra y las gatas al rededor mío intentando morderlo, lamerlo y yo peleando por dejarlas para que entiendan y sacarlas como si le fueran a hacer algún daño... No pude llorar hasta la hora de dormir. Durante todo el momento estuve anestesiado, demasiado shockeado por lo que acababa de pasar para siquiera reaccionar. Le avisé a mi hermana, otro llamado incómodo, sin poder dar demasiadas explicaciones, incrédulo, triste, emocionalmente estafado por la vida y por la muerte. "No entiendo" es lo único que podía repetir. Un año y medio cuidando a un animal, dándole amor, recibiendo el suyo, comida, agua, mimos, noches de cama tapados juntos, compañía en cada momento, rutinas, afecto, fotos y fotos desde que medía centimetros y pesaba gramos hasta que se puso en tamaño adulto y hermoso.
Todo perdido en un...en un ¿Qué? Si ni siquiera vi exáctamente lo que pasó, lo único que puedo reconstruir es un obvio intento de subir a la mesa, un resbalón y la mala suerte de darse el cuello contra el caño de una silla y romperse el cuello. Una herida que no siempre es mortal pero cuando lo es, es instantánea. Menos de un minuto desde escuchar el ruido, verlo, acercarme y verlo morir. Parado ahí, en plena impotencia, no impotencia de "capaz había algo que podía hacer" la impotencia real y horrible de saber que no había nada que podía hacer más que verlo morir. Que nada cambia lo que acaba de pasar y nada lo hubiera cambiado. Las sillas están en el mismo lugar hace dos años y si entrara en una cadena de "Que hubiera cambiado para que no pase" directamente no traía un gato a vivir a casa, no sirve, no sirve pensar así, pasó y después de haber tenido que meter dos gatos en bolsas de consorcio después de haber vivido más de una década con ellos pensé que la próxima vez que tuviera que vivir una secuencia similar iban a pasar otros diez años. Ya no iba a vivir acá y lo haría para darle una mano a mi vieja. Pero no, un año y medio de vida robado en un accidente tan idiota que si me lo contaran diría "Entiendo el horror de la muerte, PERO QUE FORMA PELOTUDA DE MORIRSE" lo que solo lo hace más injusto todavía e incrementa el dolor y angustia que trae toda pérdida.
Cuando trajeron a los gatos a casa me acuerdo que no quería darles bola, trataba de no prestarles atención por más adorables que fueran y de hecho me fuí dos meses a vivir a la casa de mi hermana en el bolsón, pero volví acá e inevitablemente me fueron comprando. Reclamando mimos, afecto, atención y yo les dí lo mismo y les reclamé lo mismo. Nos empezamos a entender y con él, con él fue siempre todo tan pacífico, tan paciente, tan despacio, cada día era un poco más sociable, atrevido, valiente y hermoso. ¿Y así tenía que terminar?
Es el miedo que siempre tengo, cuando me encariño con algo, con alguien, sea un ser vivo o un objeto inanimado ¿Qué voy a sentir cuando lo pierda? Yo no pienso las cosas en clave de "Cuánto las voy a disfrutar mientras las tenga" yo las pienso en "¿Voy a sobrevivir a perderlas?" Lo vi crecer desde los cuarenta días hasta el año y medio, lo vi pasar de ser una rata inmunda al gato más lindo que jamás tuve y lo vi morir en frente mío sin poder hacer absolutamente nada.
Se siente todo tan injusto. Vivía, daba amor, nunca hizo nada horrible, nunca mintió, nunca dañó, nunca votó al PRO, nunca le jodió la vida a nadie y tuvo un accidente tan tonto y con tanta precisión se viene a golpear en un lugar letal. Me cuesta horrores digerirlo y soy el que más motivos tiene para hacerlo, lo vi pasar. En menos de cinco minutos pasó de estar a upa mío mientras le hacía mimos a moribundo en el piso, a muerto y todo pasó a menos de medio metro mío sin que pueda siquiera intentar nada.
Las conclusiones me las guardo, lo que pasó por mi cabeza, lo que pasa, lo que siento, eso me toca a mi para lidiar y convivir. Lo escribo sin compartir para ver si afloja el peso, los flashbacks, la sensación de injusticia y dolor.
No tengo más fuerza, tengo sueño, trato de mantenerme despierto todo lo posible hasta que el sueño es demasiado, siendo las cuatro de la mañana ya no doy más. Voy a intentar descansar algo...

martes, 26 de junio de 2018

Depresión

    Pensé que nunca en la vida me iba a convertir en una de esas personas incapaces de enfrentar sus problemas, tirado en una cama sintiendo vaya uno a saber qué, sin rumbo ni propósito, pero asi fué, asi es. No, no me ha sido diagnosticado por un psicólogo ni un psiquiatra, pero no hablo de depresión a nivel millenial tirado en una cama mirando netflix todo el dia y comiendo papas fritas porque me da paja salir. Hablo de algo que llegó a preocupar a familia y amigos entre los cuales hay profesionales de la salud y cuyos signos ya me habían sido advertidos por mi propio piscólogo antes de dejar de ir.
Fue un proceso progresivo, no empezó de un día para el otro, haciendo un esfurezo y mucha memoria creo que el inicio lo marca el final de la relación con mi ex pareja tras meses de lucha para sostener algo insostenible. Fue una relación tóxica por donde la mires, acelerada, llena de histeria, celos, problemas y mentiras. Pero lo que me quebró fue haberme enamorado, no se cuántos de ustedes hayan sentido profundamente amor por una pareja pero es distinto al amor fraternal, al amor familiar o cualquier otro tipo. La mayor diferencia y lo que lo vuelve más fuerte es que lo elegiste, nadie te forzó a escoger a esa persona, no nació al lado tuyo, no estabas forzado a sentarte ocho horas al lado en un trabajo o colegio y esa persona también te eligió. Sentís algo puro, algo propio "Esto es mío, esto es nuestro" y nadie se puede meter y nadie tiene la llave ni el botón de apagado excepto nosotros.
No les voy a mentir, yo no fuí perfecto y mucho menos ejemplar, pero creo haber hecho las cosas con amor, con ganas, con buenas intenciones y por sobre todo de frente y con sinceridad, no recibí mucho de eso del otro lado, me encontré a mi mismo siendo ninguneado, mentido, maltratado y usado. Llegué a cuestionarme si había una falta de amor propio que me permitía recibir tanta basura sin chistar o chistando para después aceptar, tragar y seguir porque la amaba. Pero todo ciclo termina y no hay espalda que aguante tanto peso externo e interno, me rendí, termine todo, me alejé. Creo que una parte mía se dió cuenta que ese día solté el volante, pero no hizo nada por retomarlo.
Mi situación laboral no era ideal, pero al menos cobraba, al menos tenía trabajo, obra social, amigos y compañeros que valían más que el oro, el dólar y el euro juntos, pero no era ideal. El stress, la falta de la totalidad del pago, el maltrato por parte de la dirección y el entorno hostíl en el que me desenvolvía, no fueron precisamente una ayuda para alguien que ayer estaba por irse a vivir con la mujer que amaba y hoy estaba solo, dolido, confundido y enojado.
Llegaba tarde todos los días, a veces diez minutos, a veces cuatro horas. Me saltaba la térmica por algo que no me gustaba, agarraba mis cosas y me iba dos horas antes, tres, seis. Armaba conflictos donde no los había, discutía con cualquiera por el simple hecho de descargarme y una de esas peleas me costó el trabajo. Era un chiste, me reí, disfruté, saludé, me hacían un favor. Al fin podía dejar los miedos de algo inestable pero propio y salir de ese ataúd del que me faltaba un clavo para morirme para siempre adentro. Todavía no me daba cuenta que todo ese énfasis, esa felicidad, esa energía, las sonrisas, los chistes, las salidas con amigos, los fines de semana de tomar alcohol hasta perder noción de donde estaba no eran causa de una nueva y prominente libertad sino de una necesidad enorme de ocultar y tapar el llanto interno que gritaba por salir, no, no estaba todo bien, no iba a estar bien, no si no enfrentaba lo que pasó.
Un poco perdido, un poco sin saber exáctamente qué y cómo hacer, enojado, frustrado expresé mis ganas de desaparecer de la ciudad, de vivir lejos de irme y no volver. Privilegio de ser yo, mi hermana estiró una mano de mil ochocientos kilómetros y me ofreció su casa en el bolsón para que busque trabajo allá mientras los ayudaba a construir su nueva casa. No voy a entrar en detalle sobre la cantidad de fantasmas a los que me enfrenté durante ese mes, al crecimiento que tuve, las noches temblando entre pesadillas y las realizaciones sobre mi vida y mi persona. Pero si quiero destacar el nacimiento de dos sombras que eventualmente me llevaron al declive. La primera, la falta de motivación, a pesar de mi discurso, de mis ganas, no hice un esfuerzo sincero y real por encontrar un trabajo, por quedarme y hasta el día de la fecha lamento haber "abusado" de su hospitalidad aunque se que no fue tan así. El segundo, la falta de confrontación, darme cuenta que los problemas no se van aunque te vayas lejos, al menos no los que residen adentro tuyo. Me di cuenta que no importaba lo que hiciera hasta que pudiera enfrentar lo que pasó. Trataba de olvidarme, de bloquear, de no pensar. Pero volví a buenos aires, a iniciar un proyecto que sería el futuro de mi independencia económica y un segundo proyecto que sería similar.
Una vez más, pensar demasiado resultó ser un problema. Los miedos, los fantasmas, no se fueron a ningún lado y finalmente el proceso que comenzó con una ruptura amorosa y una pérdida laboral terminó en depresión y es esta la parte más importante del relato, para mi y para aquellos que sé, se vieron afectados.
Empezó con un ataque de pánico sin ningún detonante aparente, al borde del desmayo en el baño de mi casa gritando por ayuda mientras sentía el pulso desacelerar y pensaba "Me muero acá, en un baño, en el piso, con veintiseis años, sin trabajo, sin pareja, sin propósito, me muero acá y mi vida fué patética." No fue hasta el tercer ataque, siempre de noche, siempre solo, solo con mi cabeza a mil, que empecé a sentir la apatía por completo.
Dormía durante doce horas, me despertaba, no veía ningún sentido a levantarme, seguía durmiendo, ignorando el hambre, la sed, el sudor, si duermo todo eso desaparece. Los días pasan, la panza duele, los músculos sin uso pican, los tendones arden, el pelo engrasado te tapa la cara cada vez más largo, la barba molesta, el olor a transpiración es casi lo único que te mantiene despierto. La misma ropa hace días, hoy no es tan difícil. Te levantas, te bañas, te peinas, te cambias, comes ¿y ahora? La computadora con internet y mil videojuegos no te ofrece ningún placer, ningún escape, ningún interés, la televisión tampoco, volvés a la cama, no estás realmente mirando el techo, ni la pared, ni la ventana. No estás.
Pero el mundo no desaparece porque uno decida no estar en él, tu familia se preocupa, tus amigos te buscan y tenés que pretender que estás al borde de que se te pase, no es nada grave, porque no tenés la menor idea de si algún día te vas a sentir mejor pero es difícil explicar que no te importa. No sos suicida, no estás pensando en matarte, si tuvieras la fuerza y las ganas para cortarte las venas probablemente estarías cortando una rodaja de pan y untádole manteca. Estás sinceramente apático, no sentís nada, no hay interes real, no hay ganas, nada importa, nada duele, nada molesta, existís porque requiere poco esfuerzo pero si tuvieras que hacerlo a nivel consciente ya no estarías ahí.
Te da ansiedad ir al kiosco, caminás sintiendo el dolor en todos esos músculos que hace rato no estás usando, a veces el aire frío te da un poco de paz, pensás que quizás vale la pena enfrentar la realidad pero volvés y la cama es todo el espacio que podés ocupar.
Le prometés a tus amigos que vas a salir, que vas a ir a tal o cual lado, si, esta noche si. Porque en el fondo querés, pero no sabés como explicarles que no te sale. Que intenté vestirme, peinarme, pero no quiero salir, tengo que hablar de mi vida y les voy a tener que decir que no estoy haciendo nada, que hace días duermo, que ya me olvidé cuando fué la última vez que sonreí de verdad y no para caretearla, que soy consciente de que tengo que enfrentar lo que pasó pero no se cómo, o se perfectamente cómo pero no quiero.
Requirió mucha introspección, un poco de sociabilidad forzada, la visita de alguna que otra persona en particular y un montón de voluntad para tomar la decisión de levantarme de nuevo, despacio, de a poco. Porque confío en que el mundo tiene una infinidad de propuestas, aventuras, alegrías y bizarradas esperandome ahí afuera. No puedo prometer nada, hace tiempo aprendí a no adelantar mi voz a mis pasos, pero si puedo comunicar, transmitir, hablar y escribir para desahogar y comprender y capaz con la pequeña esperanza de ser comprendido también.
No tengo una conclusión elocuente respecto de la depresión y la condición humana, tampoco una fórmula mágica para vencerla o combatirla, cada caso es personal, con sus propias idas y vueltas. Quizás el único saldo es haber experimentado algo que siempre pensé muy lejano y ajeno a "mi forma de ser", nunca digas nunca.

jueves, 8 de marzo de 2018

Cloe se ríe

Cloe se ríe mientras me acerca la bocina de un teléfono verde chillón al oído, la tomo entre mis dedos y pretendo muy seriamente estar atento al otro lado.
"Es Mickey?" pregunto, buscando la complicidad infantíl en su mirada que asiente, inmediatamente me incorporo con seriedad, no todos los días uno habla con celebridades.
Tengo una amistosa charla con el simpático ratón hasta que Cloe aleja el teléfono de mi oído intentando escuchar y se ríe nuevamente cuando le hago cosquillas por chusma.
Cloe juega hasta el cansancio haciendo intervalos ocasionales para mirar la televisión de fondo que proyecta repeticiones de series infantiles, por momentos se abstrae tanto que aparta mis manos sin mirarme mientras apreto sus cachetes con el fin de perturbar su concentración.
A veces es difícil distinguir quien de los dos es más aniñado, olvido con frecuencia que a su edad la línea entre lo real y lo ficticio no es tan comprensible y entre juegos y discusiones de mentira se angustia y llora o se enoja y grita. Amablemente mi hermana me recuerda esa delgada línea que me avergüenzo de haberla hecho cruzar, pienso en la inocencia de los niños y  por un instante me pregunto cuántos carecen de un entorno que los ayude a discernir, cuanto dolor se habría ahorrado el mundo si nadie abusara de ese regalo divino.
En la cena Cloe come con énfasis reponiendo toda la energía que francamente parece no agotarse nunca hasta que lo hace y en estos momentos, entre bocado y bocado, sus ojos empiezan a ceder con algún que otro cabeceo ocasional que pretende negar incorporándose inmediatamente y riendose al ritmo que contesta que no está cansada. Los niños nunca admiten el cansancio, no como los adultos que eternamente hablan de sus merecidos descansos, no. Los niños niegan el cansanscio porque hay miles de aventuras nuevas que los esperan y tanto por descubrir que no pueden permitirse el lujo de una siesta y su frustración los hace romper en llanto, como ahora mismo que entre llágrimas y bostezos Cloe cae rendida en los hombros de su padre y me saluda con una mano pesada mientras suben la escalera hacia su dormitorio.
Pienso en Cloe con su cara apasible, su estómago lleno, sus pies calentitos, arropada en una cama mullida rodeada del amor de su familia y me pregunto si su vida siempre será así.
Ojalá, deseo que su suerte permanezca intacta y encuentre amor a donde vaya, con quien vaya y siga dando todo ese amor que parece demasiado para entrar en esa ternura de persona. Me pregunto si alguna vez fuí igual, quedan lejos los recuerdos de la infancia y hace tiempo no pregunto sobre mi pasado a nadie que pueda responderme.
No escapa a mi conocimiento la cruda realidad, no puedo evitar pensar en todos esos niños que no están durmiendo cómodamente, que no están siendo amados, que no llegarán siquiera a su adolescencia y mientras lavo mi cara evito mirarme en el espejo a cuyo reflejo no puedo contestarle una simple pregunta que ya es tarde para pretender ignorar ¿Qué estás haciendo vos para que todos esos niños tengan un futuro mejor? Siento el peso de mi existencia por primera vez en años y soy consciente de que todas mis acciones tienen consecuencias, incluso aquellas que no cometo.
Hoy hice reir a Cloe, hoy la amé como cada día desde su nacimiento, hoy su vida es un poco más alegre, o al menos eso pienso, es mi consuelo, es un principio.
Hoy Cloe rió y ahora, Cloe duerme.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Poemas al viento

Perdí la cuenta de las noches que dormimos juntos
Del calor de tu cuerpo contra el mío
El ritual, el encuentro, el abrazo, las charlas, caer rendidos
Perdí la cuenta de las noches que duermo solo
Abrazando las almohadas frías que no devuelven nada
Sigo evitando los movimientos bruscos para no despertarte
y me levanto despacio recordando que ya no estás
Le doy un beso a las mascotas para no perder la costumbre
pero mis labios no se olvidan de los tuyos
Sos como una comezón que no me puedo rascar nunca
Perdió el sentido hablar de culpas, motivos y razones
La realidad te devuelve siempre a lo que está y lo que no
Y tu ausencia se hace tan presente como siempre
Es gracioso extrañarte cuando no estoy seguro de haberte conocido
Al menos no todas esas partes que terminaron por separarnos
Todas esas que en cada reencuentro nos distanciaron más
Me recordé una y otra vez no intentar justificarte
Al menos no si vos no lo hacías y jamás lo hiciste
Siempre fue claro que yo quería más de lo que había
Siempre fue claro que te hacía bien tenerme
Pero no nos queríamos de la misma forma
Nunca lo hicimos y nunca lo haremos
Todavía hoy lo que extrañás de mí no es lo que extraño de vos
Dejé de idealizarte, extraño más las costumbres que tu ser
Extraño más el sentimiento que despertaba que a su dueña
Pero no te vas y yo tampoco aunque no estemos
Se volvió un hábito permanecer cerca en la distancia
Como vecinos recelosos que se miran por la ventana
Esperando a que salga alguno para pasar casualmente y saludar
Y mientras más pendientes estamos más descuidamos la casa
Ya no sé cuantas veces escuché el timbre y como no eras vos no bajé
Ya no sé cuantas veces vi gente en tu umbral ir y venir sin respuesta
Me pregunto si alguno de los dos esta dispuesto a mudarse
Nos seguimos tirando la pelota sin palabras "Andate vos"
Y en cuanto vemos una caja salimos corriendo a inventar excusas
Es gracioso cuando escribo que parezca tan inocente y dolido
Si vos sos un monstruo no se que queda de mí entonces
Nos volvimos una suerte de retrato de Dorian Grey mutuo
Si nos contemplamos el uno al otro nos destruye
Pero de reojo estamos bien, duele menos recordar quienes somos
Pero las noches pasan y los sueños mueren
Sigo sin estar seguro por completo
Algún día me gustaría no verte más
Por ahora, cada tanto, cierro los ojos y estás ahí
Y camino ciego un rato para no perderte de nuevo
Pero cómo no ceder si cada ocasión que te pierdo me encuentro más a mi
Todo lo que me inspira me agrada
No tenerte, por momentos, me agrada.
Te (no) extraño.





Misael

viernes, 26 de mayo de 2017

Transición



Hay momentos en la vida de una persona en los que todo lo que parecía seguro se derrumba ante sus ojos, aquellos santuarios que prometían albergar la paz hasta el final de los tiempos se convierten en la mayor fuente de desesperación cuando uno contempla su caída. Y es la nada misma lo que queda, olvidando que desde ahí es donde uno comenzó el viaje y las promesas de un futuro nuevo y mejorado sentando nuevas bases sobre las ruinas de lo que nunca funcionó como correspondía son un eco que se queda sordo ante la abrumadora realidad del fracaso.
Mi madre suele decir que aquellos con ansias de progresar, los que no se conforman con la vida como es y buscan nuevos significados constantemente, están destinados a sufrir el stress de la ansiedad, ese dolor que provoca proyectar a futuro y seguir en el presente donde cada paso te acerca pero todavía no estás ahí. En ocasiones no estoy seguro de quien soy, no termino de comprender exactamente lo que quiero o mi claridad se limita a pequeños aspectos de mi vida que no terminan de cerrar un panorama completo.
Hace tres meses inicié una relación que me puso el mundo patas para arriba, en el buen sentido, no tengo palabras para describir el afecto que siento por su persona y las ganas de proyectar a futuro, es la única que me hace feliz con su mera presencia y es el motor de mis ganas de cambiar todo aquello de lo que no estoy conforme. Y quizás sea eso en gran parte, su llegada desencadenó el terremoto que me puso en evidencia frente a mi mismo, darme cuenta de todo aquello que me pasó en la vida por la familia nefasta que me ha rodeado pero finalmente la noción de que todo aquello que no estoy haciendo en la actualidad es responsabilidad mía y de nadie más. Si bien ella como tantos otros me han remarcado que a los 25 años soy joven y tengo todo por delante, no puedo evitar castigarme por las decisiones erróneas que he tomado y mientras me planteo como avanzar, mientras mas proyecto a un futuro sano, digno, más me tortura la ansiedad de un presente que dista mucho de aquello a lo que aspiro. Cada día de un futuro gimnasio, de un futuro proyecto laboral personal, de un futuro viviendo en mi casa, es un recordatorio de un fumador que no ejercita, de un empleado en un trabajo que detesta, de un adulto viviendo con su madre y el ciclo de todo aquello que me inquieta y me obliga a proyectar un cambio, cuya idea me genera ansiedad y esa ansiedad se vuelve más problema que el problema real, es una enfermedad en si, que me carcome por adentro. A veces sufro en mi propio hogar porque pienso que ya no debería estar viviendo en él y se me vuelve ajeno a pesar de que mientras encuentre una alternativa va a seguir siendo el mismo hogar de siempre.
Todas estas neurosis tienen que terminar y la mejor forma es haciendo, no creo estar estancado para nada, creo simplemente que la velocidad de mis procesos mentales es mucho mayor a la velocidad en la que los cambios se dan realmente.
Estoy esperando al 2 de junio, al 14 de junio y al 23 de junio respectivamente para poder finalizar mis estudios y ver al médico clínico que me habilitará (o no) la posibilidad de comenzar actividad física y con cuanta frecuencia e intensidad en caso de que todo este bien. Finalizado eso, planeo dejar de fumar empiece o no el gimnasio y estamos pensando con un amigo comenzar un proyecto musical, una suerte de “manager” aunque no me gusta la palabra, la idea es impulsar su carrera ya que viene medio lento por motivos personales y por falta de lugares o imaginación para conseguir reconocimiento y confío plenamente en su potencial por ende quiero ayudar en lo que pueda y me siento capaz de conseguir muchas cosas, pero todo eso es planear a futuro y me refleja este presente inactivo, lo que me genera la ansiedad que me come. Por otro lado cuando siento que metí la pata me replanteo mis acciones y me siento en un estado permanente de cola de paja, mejor ejemplo hace unos días mi historia de vida me afectó haciéndome sentir poco querido por mi pareja, no porque realmente no me quiera sino porque quizás hay en mí una necesidad excesiva de poner las cosas en palabras cuando los actos son mas que suficientes y siendo que ambas vidas contienen una gran carga horaria laboral y una banda de amigos que nos reclaman constantemente, a veces vernos es complejo.
Siendo que veníamos de vernos casi todos los días, a pasar un par de días de no vernos justo después de mi pequeño “desliz” me pone inquieto como si fuera culpable de la distancia, otra pata floja mía, cuando estoy distante de alguien me pongo nervioso, como si todo se fuera a caer por su peso propio o si ya nada fuera igual, miedos que son humo y en el momento en el que entro en contacto nuevamente con dicha persona se me pasa todo y me doy cuenta que fui un gil en pensar esas cosas y todo está bien.
No niego que soy una persona con problemas, que me he enfrentado a mucho en poco tiempo y mi daño emocional juega un rol fuerte a la hora de querer hacer las cosas bien, trato de aprender día a día y mis intenciones son buenas, soy mi peor enemigo de eso no tengo la menor duda y constantemente quedo a merced de la paciencia y el aprecio ajeno para contemplar las pelotudeces que hago. Trato de hacer la menor cantidad posible y de explicar los motivos pero no puedo estar siempre pendiente de revisar mis actos para intentar comprender de donde vienen, a veces necesito dejar que las consecuencias fluyan y hacerme cargo de las mismas. Hay una frase de Jax Teller, en Sons Of Anarchy que reza:
”Los niños miran para adentro, se regodean en sus propias necesidades egoístas. Los hombres miran para afuera, toman acción sobre las necesidades de otros…” No quiero ser más un niño egoísta apuntando dedos y culpando a su historia por la forma en la que es o el hombre en que lo convirtieron. Quiero ser un hombre digno que pueda mirarse con el peso histórico de lo acontecido y hacerse cargo de quien es por las acciones que toma y no por las que han tomado con él. Necesito abandonar las palabras, es fácil hablar y proyectar, lo difícil es hacer. Creo sinceramente que he encontrado mi fuerza para hacer y gran parte se lo debo a la persona que tengo al lado y con la que planeo proyectar un futuro, quiero ser un hombre del que pueda estar orgulloso, no porque la necesite, no porque me necesite, sino porque nos queremos y nos elegimos día a día. Todo proceso es arduo y requiere mucho esfuerzo y trabajo duro, no creo que este sea de ninguna forma diferente, pero quizás esta vez, la necesidad de ponerlo en palabras no sea para generar una paja verbal que satisface mi neurosis, sino para efectivamente demostrarme que lo que me acontece es un momento de transición real.
Supongo que sentir como se descongestiona el pecho de esa angustia voraz mientras escribo estas líneas es muestra de haber dado en el clavo con lo que me pasa.
Nunca había tenido tantas ganas de emprender, de hacer, de cortar lo tóxico y arrancar con lo sano y la novedad de todo impactó en mí como jamás hubiera soñado, pero eso implica dejar una parte mía atrás. Toda despedida genera resistencia y mientras ese pasado se intenta aferrar a mi espalda pidiéndome que no lo olvide y que le sea fiel, mi presente plantea con una sonrisa de por medio, dejarlo atrás para siempre y moverse hacia tierras fértiles y firmes, donde uno pueda progresar.
No tengo miedo. Por primera vez en mi existencia no tengo miedo, por mucho que me aterre la idea de perder amigos, de perder a mi pareja, no tengo miedo porque si avanzo en la dirección que creo fervientemente, es la correcta, no dudo que van a estar ahí y voy a ser mejor para ellos, con ellos y podré aportar a sus vidas mucho más de lo que alguna vez soñé.
Toda esta angustia que sufrí en la semana, son vestigios de malos hábitos y costumbres, de necesitar tener problemas, de que todo sea un problema, de que mi mente sea mas fuerte que mis manos y mis pies. Que caminar y realizar sea siempre algo que haya que analizar y como el ciempiés de tanto cuestionarme me quedo quieto. Estoy seguro de mis afectos, estoy seguro de mi camino, estoy seguro de muchas cosas de las que no me quise convencer porque requieren un esfuerzo con el cual no estaba seguro de poder comprometerme.
Citando a Demian: “Quien quiera nacer debe primero destruir un mundo.” Este mundo de costumbres que se derrumba ante mis ojos, el inicio del texto, es necesario para sentar las bases de la próxima etapa. Y lo más importante es comprender, que mi mente puede ser brillante para iluminar mi camino tanto como brilloso su filo para cortarme las piernas y en ese balance es donde tengo que hacer hincapié.
Hace un tiempo, mi corazón no latía por nada y poco me importaba que hacer, después del nacimiento de mi sobrina eso cambió un montón, después de nuevas amistades se afianzó pero la idea de no poder aportar en sus vidas porque no avanzo yo, se volvió inconcebible en el momento en que apareció “EL” amor y lo pongo entre comillas porque hay muchos amores, pero este es el personal, el que considero, eventualmente es el más fuerte de todos.
Hacía mucho no escribía acá y no planeo volver a escribir con toda, originalmente no escribía porque estaba bien o no tenía mucho que comentar, en esta ocasión es un poco diferente, sinceramente creo que es algo bueno para exponer y por otro lado quizás ayude a muchas personas que hablaron conmigo en los pasados días a entender por lo que estoy pasando y el porqué de muchas reacciones o porque estaba tan pajero y enganchado en un tema de manera cíclica como si no lo pudiera dejar ir. Es como revolver tierra con un palito para matar el tiempo mientras deducís lo que realmente te pasa, te enganchas en cualquiera para organizar tus ideas o te fijas excesivamente en algo que no lo merece y parece que agrandas boludeces con lupa.
No les voy a prometer nada, no les voy a jurar que voy a cambiar o cosas que ya hice en el pasado. Mis actos serán los verdaderos jueces de todo lo que pase de ahora en más, necesitaba hacer un poco de catarsis y ponerlo en texto.
Las únicas palabras que SI quiero dedicarles son las siguientes:
Gracias por formar parte de mi vida, sea temporal o permanente, sea desde hace poco o hace mucho, en ocasiones las cosas no van a ser fáciles, mi vida es una suerte de bizarreadas una atrás de la otra y por momentos mientras encuentro mis balances es todo muy arriba o muy abajo. Siempre que sea arriba, tratare de llevarlos a todos lo más alto posible conmigo y siempre que sea muy abajo, de la forma más egoísta posible les pediré que me ayuden a salir del pozo y avanzar de nuevo si perdí el rumbo. Pero sepan que si forman parte de mis afectos, jamás de mi habrá una pizca de maldad, de mala intención, de abuso o aprovecharme de ninguna forma de ninguno de ustedes. Los vínculos que no sirvan, se irán cayendo por si solos y siempre existirá ese agradecimiento de lo que hayamos aprendido juntos. Los aprecio y son todo lo que está bien, lo que me hace querer ser mejor persona y me motiva, porque no me sirve de nada amarme y ser el mejor del mundo, si no lo puedo compartir con el resto.
Gracias, infinitas.



M.C.

viernes, 14 de octubre de 2016

Reflexiones y verdades del dolor y la dulzura



Una vez más la situación es la misma: Una hoja en blanco y un cerebro a mil moviéndose al ritmo de un corazón que late sus pasiones con ese fervor producto de la escritura.
Pequeño espacio relegado este blog que me pertenece tanto como a uds. y hace tiempo no comparto nada, no por falta de tiempo ni ganas, no por falta de contenido ni necesidad, pero por falta de esa sensación de que mis ideas están lo suficientemente organizadas como para entregarlas de manera que produzcan algo.
Cuando escribo necesito exprimir cada idea, cada anécdota, cada sensación hasta llegar a su esencia, poder resumir, simplificar y encontrar el núcleo del que puedan absorber y nutrir la idea original que intento transmitir.
Soy un fiel creyente de que lo material es vencido por el paso del tiempo, pero lo intangible puede durar para siempre.
Un golpe puede modificar nuestra forma temporalmente, una piedra puede bloquearnos el camino por un instante pero un concepto, un sueño, un ideal puede cambiarnos la existencia por toda la eternidad.
Hago esta introducción para que reconozcan la intencionalidad del hilado fino que comienza en las próximas líneas, para que sientan cada palabra, cada frase y cada párrafo como una ofrenda desde éste corazón expuesto hacia los suyos.
Hace unos breves días releía una frase de uno de mis escritores favoritos, Chuck Palahniuk, autor del club de la pelea y otras genialidades que recomiendo seriamente leer. La frase reza: “Es tan difícil olvidar el dolor, pero es incluso más difícil recordar la dulzura. No tenemos cicatrices para mostrar de la felicidad. Aprendemos tan poco de la paz.”
Pensaba en tantos años y tantos post de este blog rememorando el sufrimiento vivido, recordando un padre y una familia en general cuya violencia psicológica y abandono me marcaron para siempre.
Recordaba las mentiras, la culpa por no haber terminado mis estudios, la constante auto crítica a todo lo que hacía, la depresión, los ataques de pánico, sentirme solo y alejado del resto, sentir que mi lugar en el mundo era siempre frío, siempre distante, siempre incomprendido, tanto dolor, tanta soledad, tanta mierda dando vueltas…
Sentí el peso de esas palabras caer cual yunque sobre mi espalda, presionando todo y abriéndome los ojos como hace tiempo no pasaba. Era tan cierto, tan fácil ponerse a disposición de la miseria y cambiar la tranquilidad mental por un mar picado de dolor. No tengo en mi cuerpo registro de los besos, de los abrazos, de las caricias ni de las noches compartidas con aquellas personas que quise. No han dejado marcas en mí ser las palabras de aliento, ni de afecto tanto como me han marcado los insultos o reproches despechados.
Tengo un repertorio de aprendizajes en cada caída, en cada pelea, en cada crisis y en cada sufrimiento. Soy el primero en repetir cual loro “El dolor es maestro / El dolor enseña…”  y sin embargo no puedo expresar con certeza si aprendí o no algo de mi primer beso, de mi primera vez, de la segunda, de la tercera, algo que esté a la par con lo que he aprendido del dolor. Supe como todos, que el fuego quema, cuando lo sentí abrasar en carne propia y mi lección fue tomar distancia y tener cuidado siempre que tuviera que hacer uso del mismo.
Supe como todos, que un beso es agradable, cuando sentí el calor húmedo de otros labios sobre los míos y a pesar de ser una experiencia que uno quiere repetir, no creo haber aprendido nada significativo. No entendí sobre los riegos vitales, no me sentí vulnerable ni mortal más de la cuenta, no tuve miedo ni pensé lo que podría haber pasado de haberse agravado o sostenido la situación, no puse nada en la balanza ni lo comparé con otras experiencias, lo disfruté cual fue y no hubo mucho más.
Sinceramente no puedo evitar compartir la conclusión: “Aprendemos tan poco de la paz.”
Pero con el correr de las semanas me fui distanciando de todo este recordatorio doloroso, empecé a sentirlo innecesario al contrario de ocasiones en las que pensaba que olvidar lo sucedido podría llevarme a repetirlo o que sería dejar ir impunes a los victimarios y finalmente desmerecerme como víctima.
Elegí conectarme nuevamente con lo positivo y lo neutral, con aquello que me llena el alma, me apasiona, todo lo que me hace bien a sabiendas de que no dura para siempre y a cada calma le sigue una tormenta.
Hoy pensaba que no hace falta ser fuerte siempre, sino cuando la situación lo requiera. Un gran ejemplo sería un mundial, donde hay que ganar cuatro partidos para ser campeón. Octavos, Cuartos, Semis y Final. (Sin contar las fases de grupos y esas cosas dependiendo del deporte.) Después de consagrarse campeones pueden perder el 100% de los partidos jugados a futuro, sin embargo fueron los mejores del mundo cuando la situación lo requirió.
En el Tao Te Ching se habla de un ser humano que vagando por la naturaleza no es afectado por la misma, los tigres no encuentran lugar donde hincar sus colmillos, los rinocerontes no pueden embestirlo y el veneno de las serpientes no lo afecta. No por ser inmortal, simplemente porque no se cruza con ninguna de estas bestias en su camino.
Mi punto es que la vida nos marea con miles de posibilidades y circunstancias todo el tiempo pero lo único que nos pasa es lo que nos está pasando y solo estando en el momento podemos enfretarlo.
En cada segundo tenemos la oportunidad de dar un giro brusco que modifique cual efecto mariposa el resto de nuestra vida, solo hay que estar despierto y dispuesto a tomarlo.
Conciente de todo esto a partir de ahora voy a intentar ponerle énfasis a recordar lo positivo, lo dulce, lo agradable y sacar alguna conclusión de la calma y la paz. Con el correr de los días fui testigo de que la buena onda, la confianza, el amor y el respeto triunfan por sobre todo cuando son honestos. “Vincit Omnia Veritas” (La verdad lo conquista todo).
Creo ser capaz de brindarme por completo a mis pasiones, siendo la más grande de todas, vivir la vida. No pretendo huir de mi sentir, quiero arriesgar más cada vez, saltar feliz a cada nueva aventura y no comerme la cabeza con posibilidades que no son lo que está pasando ahora. Si estoy en mi cabeza no estoy en el momento, necesito aprender a conectarme más con los momentos y pensar menos acerca de ellos. Pensar es bueno, no todo el tiempo, no tan intenso, no a mi ritmo. Aprender a reconocer las patas flojas y trabajar sobre ellas fue siempre mi tarea desde el día que dejé terapia y hoy más que nunca quiero hacerme cargo de aflojar el pensar y prender el sentir.
La vida, es en gran parte, lo que uno desea que sea. Cuando quise que sea el dolor de los recuerdos, lo fue. Hoy le pido que sea la incertidumbre del mañana y la sonrisa de mi rostro, hoy le pido que me deje ser.
Hoy.
Como siempre, Hoy.
Mañana no sé.
Ayer ya fue.
Hoy estoy.
Hoy soy yo.
Hoy.


PD: Quisiera escribir más pero estoy en el trabajo y entre atender a la gente y atender a la escritura se me estaría secando el cerebro jajaja los quiero una banda y prometo publicar con mayor frecuencia.




M.C.

viernes, 15 de enero de 2016

Familia

Siempre quise una familia. No porque no la tuviera, no porque mi familia fuera horrible o la sufriera de ninguna forma en particular más de la que todos sufrimos a nuestras familias con esa cuota de amor infaltable, no sé si había una razón que predominara, era un deseo que se encontraba en mi interior desde que tengo memoria.
No me gustaba estar solo, ni sentirme solo y mi familia me hacía sentir vivo, feliz y motivado.
Madre, padre, hermanas, tíos, abuelos, primos y todas esas reuniones familiares rodeado de mucha gente siempre en una casa distinta donde aparecía un primo lejano o nacía un nuevo integrante y ese aprecio por los lazos que me inculcaron toda la vida fomentaba el amor por aquellos que me rodeaban.
Conforme fui creciendo las cosas cambiaron de color, se volvieron más nítidas y aparecieron esas distancias insalvables por actitudes o formas de pensar completamente opuestas.
En cuánto fui lo suficientemente mayor como para librarme de la obligación de figurar en reuniones, cumpleaños o cualquier tipo de ocasión que me acercara a ese lejano concepto de “familia”, dejé de asistir.
Me borré por completo bajo la excusa de que yo era un niño y si querían verme podían venir a buscarme o expresamente pedirme que fuera.
Pero nunca vinieron y si alguna vez me reclamaron quizás mis oídos no estaban prestando la suficiente atención, creé alrededor mío una cortina impenetrable de humo bajo la consigna: “No me importa nada, soy frío, no los quiero, no los necesito y pase lo que pase nadie me comprende, soy un outsider, un forastero incomprendido que vive bien con su soledad.”
Así me alejé del mundo por años, convencido de que no tenía sentimientos, que solo la soledad era mi compañera y la única que algún día me reclamaría con gusto sería la muerte a pesar de mi desesperación por evitarla a toda costa.
Había un grito ahogado en mi interior pidiendo rescate: “Quiero vivir ¡Sálvenme!” que jamás llegó a ningún oído y si lo hizo lo ignoro.
Crecer es obligatorio, madurar es opcional y paulatinamente mi entorno fue cambiando, se volvió más difícil sostener la fantasía de la frialdad desapegada emocionalmente cuando solo se veía una empatía excesivamente preocupada.
Se puede mentir al mundo, pero no se puede mentir a uno mismo, finalmente hace muy poco tuve que aceptar que las cosas me importan demasiado, las siento demasiado y por mucho que pretenda no involucrarme, todo eso de lo que me alejo termina por encontrarme.
Tras largos años de terapia entiendo que cuando uno ve las cosas no hay vuelta atrás, no se puede volver a cometer “ciertos” errores porque uno los comete ignorando, cuando puede ver lo garrafalmente equivocado que se encontraba se vuelve imposible recaer.
Generar, cultivar y valorar lazos con otras personas es parte de mi ser de la misma forma que lo es el sentimiento de pertenencia a una familia y si bien aprendí que la de sangre es la que toca pero la verdadera es aquella que uno se va construyendo con los años es casi imposible no caer en la memoria y preguntarse si todavía se pueden salvar esas distancias que uno impuso.
Hoy comprendo que mis amistades están basadas en mi concepto de “familia”. Porque familia no es aquella que nos toca, familia no es un conjunto de roles inmóviles que si fallan nos dejan incompletos como persona.
Es cierto que no tuve al padre que me hubiera gustado tener, es cierto que no fue un padre responsable y mucho menos ejemplar y a pesar de que no se puede negar su paternidad puedo decir que aprendí muy pocas cosas de él.
Pero parte de lo que me formó como persona fue tenerlo de referencia negativa, estaba seguro de que no quería ser como él bajo ningún concepto y de alguna manera quizás me enseñó como “no” ser, sin que sea esa su intención.
A su vez, teniendo una madre ejemplar, hasta el día de la fecha hay muchas cosas que no comparto con ella y que no desearía compartir jamás porque tenemos visiones muy dispares de la vida así como compartimos muchas otras cosas.
No son la familia que elegí, no son más que un eslabón en la infinita cadena de la causalidad de la que todos formamos parte, incluso aquellos que elegí en mi vida para desarrollar una amistad son solo los que estaban en mi camino.
Mi concepto de familia no impone incondicionalidad, no propone protocolos, no conoce reglas ni entiende de tiempos o distancias, contiene un solo requisito y es que todo lo que se comparta se comparta por afecto y con respeto.
No obligo a nadie a verme, no demando un lugar en sus vidas, no reclamo aquello que di con amor cuando me veo traicionado, soy como el agua, si me dan un lugar me acomodo y por más que sea un segundo será pleno e íntimo, sin falsedades, porque no puedo ser nadie más que yo, me vean como me vean.
“Familia” para mi es a quien puedo darle todo lo posible pura y sinceramente por afecto, sin esperar nada a cambio, sin siquiera mencionarlo, sin ego, enteramente por lo feliz que me vuelve que sean parte de mi vida y sentir de alguna forma que soy parte de las suyas.
Siempre quise una familia y me duele en el alma la historia familiar que me ha tocado vivir pero supe construirme en éstos cortos veintitantos años una familia enorme que crece todos los días y lo hice a prueba y error, no soy ningún santo, he lastimado gente como me han lastimado a mí y quizás peor, sin embargo no pretendo esconderme bajo ninguna cortina nunca más, seré siempre responsable de mis actos y estaré siempre abierto a enmendar todo lo posible, a salvar todas las distancias y curar todas las heridas.
En cada escuela, en cada trabajo, en cada organización donde milité, en todas partes busqué ese sentido de pertenencia que calmaba mis temores e hice sacrificios para seguir perteneciendo incluso cuando ciertas situaciones superaban mis niveles de tolerancia o violentaban mis principios y quizás fue un error “usar” esos lugares para satisfacer una necesidad emocional mal direccionada, pero también fue necesario para reconocerlo y aprender. Tuve que dejar “círculos” y “lugares de pertenencia” una y otra vez afrontando nuevas pérdidas, reviviendo viejas heridas, para lograr ver que mi única necesidad era reconciliar el concepto de familia y entender que no hay forma de volver en el tiempo llevando todo mi saber actual a un pasado que no cambia porque quien debe cambiar es mi futuro.
Mi historia no dejará de ser la misma, la olvide o la recuerde a diario y si ha de serme útil que lo sea como piedra fundamental de una vida sin arrepentimientos.
Por mucho que me pese mi abuelo falleció sin haber compartido mi adolescencia ni mi adultez, sin saber que fue bisabuelo ni compartir una cerveza conmigo, mi padre ha de morir en las mismas condiciones, ignorando si sus hijos viven o yacen enterrados en alguna parte y no tengo afecto por ninguno de los dos, mas una suerte de empatía y lástima mezclada con melancolía y tristeza.
Si no puedo sentir afecto, si no puedo brindarme a ellos sin pensarlo, si no me sale ni como idea entonces no puedo decir que son familia. A veces, cuando conozco a alguien, incluso al poco tiempo de conocerlo, le brindo mi tiempo, mis oídos, mis hombros, mis consejos y así sé que valen la pena, porque cuando no deseo ni escucharlos por mas deplorable condición en la que los encuentre, sé que no podría jamás considerarlos parte de mi vida ni sentirme parte de la suya, cuando dicen que yo soy importante para ellos solo deseo dejar de serlo y conservar la sana distancia que me pide el instinto.
Es una extraña sensación darse cuenta de que aquello que más me torturaba (mi historia familiar) y aquello que más deseaba (una familia sana) han sido los pilares que sostuvieron mi vida hasta ahora. Creo que TODO lo que hice lo hice girando en torno a poder conciliar lo sucedido y construir algo positivo con los pequeños avances.

Estoy por desmayarme del sueño, pero empecé a escribir con un dolor de cabeza que me partía al medio y escribo estas lineas en completa paz, sin un asomo de molestia.
Llevo meses con todo esto atragantado y necesitaba descargarlo, necesitaba exponerlo, necesitaré leerlo en unos meses o años pero por ahora me siento desbloqueado, no sabía como escribirlo, no sabía como decirlo y sinceramente no podía escribir sobre otra cosa, no pude durante semanas escribir sobre nada más, todo se borraba, todo se nublaba, todo me parecía demasiado poco... ajeno.
Tendré que seguir profundizando en el asunto pero con mucho menos peso sobre mis hombros.
Gracias por existir.

Adieu!


M.C.